
De hecho, y como buen periodista, Mailer no olvida recabar la opinión al respecto del máximo representante de aquellos que persiguen a los grafiteros: el alcalde de Nueva York, que describe el efecto destructivo y desmoralizador que los grafiteros tienen entre la población. Sin embargo, eso no es óbice para que “La fe del grafiti” acabe siendo un relato épico de los muchachos en su mayor parte procedentes de los guetos, que dedican buena parte de su tiempo a marcar la ciudad con sus nombres.
Un libro que habla de exclusión social, de evasión, de reafirmación personal, de violencia, rebeldía y de arte, aunque sus protagonistas no tengan conciencia de ser o de encarnar ninguno de estos principios, pues su mayor preocupación es poder desarrollar su afición de la forma más osada pero evitando cualquier roce con una policía que no duda en golpearlos, requisarles los útiles para pintar, multarlos y, en ocasiones, castigarlos con el que tal vez sea el castigo más humillante para un grafitero: limpiar las paredes y vagones de metro de pintadas, borrando las suyas y las de sus demás compañeros.
La fe del grafiti. Norman Mailer y Jon Naar
136 páginas. Castellano